Los renacuajos pueden presentar infecciones de baja intensidad por el hongo quítrido de los anfibios sin mostrar signos de enfermedad, lo que hace que estas infecciones pasen fácilmente inadvertidas. Un nuevo estudio publicado en Herpetologica demuestra que realizar pruebas más exhaustivas puede mejorar considerablemente su detección y proporcionar una comprensión más clara de cómo persiste el patógeno en las comunidades de anfibios.
La investigación fue realizada por Kelsey Wilson como parte de su tesis de maestría en la Universidad McGill, bajo la supervisión de Virginie Millien y Roberto Ibáñez. Wilson dirigió la recolección y el análisis de 409 renacuajos, correspondientes a siete especies, en cinco arroyos del Parque Nacional Soberanía, Panamá. En el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales, la técnica de laboratorio Estefany Illueca realizó las pruebas de PCR cuantitativa (qPCR) utilizadas para detectar el hongo quítrido.

El estudio se centró en Batrachochytrium dendrobatidis (Bd), el hongo que causa la quitridiomicosis y que ha contribuido a graves disminuciones de anfibios en todo el mundo. Cada muestra de renacuajo se analizó mediante tres reacciones independientes de qPCR, o pocillos. La mayoría de los renacuajos infectados presentaba cantidades muy pequeñas del hongo, que con frecuencia se detectaban en solo uno de los tres pocillos. Si los investigadores hubieran exigido al menos dos pocillos positivos para clasificar a un renacuajo como infectado, casi dos tercios de las muestras positivas del análisis inicial habrían pasado inadvertidas.
Por lo tanto, los investigadores recomiendan analizar cada muestra en al menos tres pocillos replicados y considerar que un renacuajo está infectado cuando se detecte Bd en al menos uno de ellos.
Mediante este enfoque, se detectó Bd en 48 de los 409 renacuajos. Las infecciones se presentaron en tres especies comunes de arroyos: la rana arborícola de bandas de Panamá (Smilisca sila), el sapo del bosque (Rhinella alata) y la rana cohete de la selva tropical (Silverstoneia flotator). Debido a que estos renacuajos eran relativamente abundantes y, por lo general, presentaban infecciones de baja intensidad, sus poblaciones podrían contribuir a mantener el hongo en los arroyos y actuar como hospederos reservorios.

«Detectar estas infecciones de baja intensidad es importante porque los renacuajos pueden sobrevivir mientras portan el hongo y contribuir a su persistencia en el ambiente», señaló Roberto Ibáñez, director del Proyecto de Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá y coautor del estudio. «Un diagnóstico más confiable nos ofrece una visión más clara de la dinámica de la enfermedad y nos ayuda a tomar decisiones de conservación mejor fundamentadas».
El estudio, «Detección y diagnóstico de infecciones de baja intensidad por el hongo quítrido en renacuajos», fue elaborado por Kelsey Wilson, Virginie Millien, Estefany Illueca y Roberto Ibáñez.
Wilson destacó la importancia más amplia de los hallazgos: «Espero que nuestro estudio pueda hacer una contribución significativa al campo y ayudar a poner de relieve la importancia de considerar todas las etapas del desarrollo al estudiar enfermedades como la quitridiomicosis, que afectan a especies con ciclos de vida complejos que abarcan tanto hábitats acuáticos como terrestres».